El Gobierno tiene la obligación de garantizar el bienestar de los ciudadanos porque para eso se vive en sociedad
Las obligaciones del Gobierno con respecto al bienestar ciudadano y qué hace felices a éstos son dos preguntas importantes a la hora de ver si un gobierno es bueno o no sirve para nada. La segunda de las cuestiones: qué hace felices a las personas, es algo que puede admitir varias respuestas.
Existe un estudio, muy prolongado en el tiempo, pues data de 1938, año en que se pone en marcha y es el estudio desarrollado en la Universidad de Harvard que ha seguido la pista de más de 700 personas, analizandolas desde su adolescencia. Entre sus conclusiones revela que son las relaciones de confianza más que el dinero o la fama lo que a los ciudadanos hace felices.
Los lazos de confianza, las buenas relaciones, según estos estudios, dicen más que:
- la clase social
- o los genes de una vida larga y feliz
- no necesitan ser siempre fluidas
- aunque puedan darse discusiones, lo que importa es sentir que se puede contar con la otra persona.
- Los vínculos personales brindan seguridad a los ciudadanos.
Se trata de una respuesta en base a un estudio antropológico, pero existe una gran diversidad de variables que influyen en la felicidad de los ciudadanos.
- Sanna Marin es la primera ministra de Finlandia, que es el país más feliz del mundo, según la ONU.
- Jacinda Ardern es la primera ministra de Nueva Zelanda, que es el octavo país y el primero no europeo, en este ranking.
- Justin Trudeau es el premier de Canadá, que es el país número 11 y el primer pais americano en esta lista.
Con esto se deduce que algunos gobiernos conocen las claves y, además las aplican, son las claves para que la ciudadanía pueda ser feliz; y eso, tiene una gran importancia a nivel personal y por ende a nivel colectivo.
Las claves de los paises escandinavos están en:
- Un Estado del bienestar robusto
- bajos índices de corrupción
- e instituciones fuertes
Se disputan en el ranking anual mundial que elabora la ONU sobre la felicidad los primeros puestos desde hace años
- Finlandia
- Noruega
- Dinamarca
- Islandia
- y Suiza
Detrás de estos primeros puestos hay unos gobiernos, una clase política a la altura, que aseguran
- un estado del bienestar robusto
- bajos índices de corrupción
- buen funcionamiento de la democracia
- buen funcionamiento de las instituciones públicas
- adecuadas políticas medioambientales
Como se diría antaño España está "en la culera", puesto que en 2020 ocupó el puesto 28 entre 153 países, situándose en los niveles de Francia e Italia. Aunque pudiera parecerlo, no son buenos resultados. NO LO SON.
Los vínculos son imprescindibles para moderar los efectos de la desgracia sobre la felicidad (de la pandemia, del paro, de las nulas expectativas laborales, profesionales, de crecimiento...) del país. El entorno no arropa a los españoles, no sienten fuerza ni calidez en el entorno, más bien no pueden salir ni a la puerta de la calle, enferman, no tienen un euro, no hay perspectiva, corres el peligro de ver que en la calle el 95% de los negocios han cerrado...
Estos indicadores económicos y de salud son tenidos en cuenta por el informe de la ONU, que destaca cuatro factores del entorno social de los que depende o explican la felicidad y estos son:
- tener con quien contar
- sentir libertad para tomar decisiones clave
- generosidad
- y confianza.
Los gobiernos tienen, con sus políticas, papel decisivo en la felicidad de la sociedad.
Andrés Raya es profesor en Esade de Liderazgo y Gestión del Cambio, sus palabras al respecto son:
“Tenemos derecho a que los gobiernos se preocupen por nuestra felicidad y eso implica adoptar medidas para garantizar un Estado de bienestar básico y favorecer la inclusión y la diversidad, con medidas de discriminación positiva, porque las desigualdades naturales siempre pesan sobre los eslabones débiles”.
Ciertamente tenemos ese derecho a que el Gobierno nos procure un mínimo de felicidad, pero en ocasiones no es oro todo lo que reluce, si bien Raya aboga por la discrimianción positiva, en realidad es un craso error que lleva ni más ni menos que a la discriminación que, mientras sea positiva para unos, para los otros será negativa. El caso estaría en la ausencia de discriminación.
La inclusión y la diversidad hay que respetarlas pero no fomentarlas porque al fomentar esto se está cerrando puertas a los nativos del país, que ya no saben por donde tirar, se les acaban las ideas, se les acaba el dinero y mientras un español de toda la vida que ha pagado generosamente impuesto a punta pala, se encuentra en paro y sin ayudas ningunas, algunos inmigrantes entran en el país ilegalmente al solo efecto de hacerse con las subvenciones que la discriminación positiva genera y que se ejerce en nuestro país sobre "ellos" en detrimento de "nosotros"...
Tenemos derecho a que los gobiernos se preocupen por nuestra felicidad, por la nuestra.
Son el punto de partida las políticas socioeconómicas.
En estos países nórdicos que señalamos antes se impulsa el trabajo a jornada parcial y éste no es sinónimo de empleo precario. Se valora poder hacer otras cosas en el trabajo. Va implícito aquí el concepto de "felicidad en el trabajo", hay que pensar que aunque se tenga motivación en el trabajo se puede no ser feliz en el mismo, puede haber insatisfacción,¡ que devenga tanto de las condiciones como del entorno laboral. Para procurar la felicidad al ciudadano hay que cubrir un mínimo y no solo un mínimo económico, sino vital.
Las administraciones han de favorecer políticas culturales y educativas, pero esto es difícul cuando el mismo Gobierno no acierta a saber qué es Cultura y destina los ingresos que le corresponderían por ejemplo a archivos, bibliotecas y museos a financiar corridas de toros, torturar a animales inocentes, indefensos y previamente torturados ya. De locos.
En la escuela ha de educarse en valores, crecimiento personal, autoconocimiento, inteligencia emocional. La escuela ha de servir realmente para preparar al individuo para la sociedad.
El Gobierno ha de ocuparse del
- Estado de bienestar
- de las políticas socioeconómicas
- de que tengamos una sanidad que funcione
- de que tengamos una educación que funcione
- que haya seguridad
La felicidad es un concepto elevado, que no se compra, se adquiere, se toma conciencia de lo que realmente es, algo difícil en una sociedad consumista que vende la idea de que todo se puede comprar, cuando en absoluto es así. Las necesidades psicosociológicas de los ciudadanos son complejas, es aquí donde el Gobierno ha de intervenir para facilitarlas, la ciudadanía debe tener libertad para que viva su realidad, el estado debe facilitar su existencia, su calidad de vida, su salud física y mental, todo lo cual revertirá en felicidad en la ciudadanía.
Según la ONU son los nórdicos los más felices por tercer año consecutivo.
Finlandia revalidó el primer puesto en el año 2020 en el Informe de Felicidad Mundial, que está auspiciado por la ONU a través de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible.
Este estudio clasifica a 153 países según seis factores:
- libertad para tomar decisiones clave
- apoyo social
- generosidad
- confianza
- el PIB per cápita
- la corrupción.
Detrás de Finlandia siguen
- Dinamarca
- Suiza
- Islandia
- Noruega
- Países Bajos
- Suecia
- y Nueva Zelanda.
- Y España se sitúa en el puesto 28.
Por primera vez ha incluído el informe también un ranking de 186 ciudades
- encabeza Helsinki (Finlandia)
- sigue Aarhus (Dinamarca)
- Wellington (Nueva Zelanda)
- Zúrich (Suiza)
- Copenhague (Dinamarca)
- Bergen (Noruega)
- Oslo (Noruega)
- y Tel Aviv (Israel)
- Madrid está en el puesto 48 y Barcelona, en el 55.
Según el informe:
- la felicidad es mayor en las ciudades que la media del país tienen bajo desarrollo económico,
- la felicidad es menor en las ciudades de países de altos ingresos, en estos casos la felicidad urbana a veces se desvanece porque el hombre se somete al consumismo, al estres a la prisa, a la ansiedad, descuidando valores fundamentales, es la moraleja que se extrae de todo esto.